Ah!, La duda, eterna compañera, a veces amiga y cómplice de grandes decisiones y otras veces malvada asesora de las cosas que no hacemos.
Todos tenemos dudas, ya lo dijo Descartes; ese peazo cartesiano, “Como dudo, pienso, como pienso existo”.
La duda, debe ser transitoria, mejor dicho breve, ha de aparecer como Ángel de la guarda y no como traumática conciencia. Para la mayoría, la duda es solo una parte de nosotros, y sabemos darle un principio y un final, pero para el sujeto que vamos a describir, al que llamaremos “ Hamlet”; el gran paradigma de la duda Skakespeariana, la duda es una actitud, un mandamiento, una castradora de decisiones, un paréntesis abierto...., abreviando: Un desespero.
Nuestro amigo, aunque no lleve una calavera en la mano, es fácilmente identificable, a poco que tengáis contacto con él.
El escenario, para describirlo, podría ser cualquiera: Una tienda, una oficina, el interior de un taxi......
Pero, he decidido utilizar, mi escenario favorito, esa academia de cultura popular, ese maravilloso álbum de fotografías: EL BAR.
Tienes nuevo Jefe, y tú para agradar, decides invitarlo a almorzar en ese bar en el que ya te conocen, en el que a veces no has de abrir la boca porque te sirven “Lo de siempre”, en el que no hay atisbo de duda.
Antes de escenificar la situación, os diré que todos los Hamlet tienen un rasgo en común: La imperiosa necesidad de acumular información; lo cual hace la decisión más difícil.
Tu Hamlet particular se leerá con avidez la carta, una y otra vez, desde los aperitivos hasta la lista de tes.
Tu, ya has decidido: y entonces tu amigo al detectar en ti, una inactividad que no entiende, inevitablemente te preguntara: “ ¿Qué vas a pedir”, tu contestaras: “ Lomo con queso y caña” y él dirá: “ Umm, vale”.
El camarero, cree que ya ha pasado el tiempo prudencial como para dirigirse a la mesa y tomar nota, lo que no sabe es que comienza el calvario de las dudas.
DIALOGO:
Hamlet: ¿De que tiene, bocadillos?; ( Recuerda que lleva 10 minutos mirando la carta)
Camarero: Los que salen en la carta. Hay fríos y calientes.
Hamlet: Los calientes, ¿Cómo son?
El camarero, que te conoce, te echa la primera mirada, y tu, fuerzas una sonrisa suplicando comprensión, mientras no le sacas ojo a ese cartelito de “ Reservado el derecho de admisión”.
Camarero: Pues, calientes.
Hamlet: Ah, vale, ¿Y, pueden ser de cualquier cosa?
Camarero: De lo que sale en la carta.
He olvidado decir que “El Hamlet”, mientras pregunta, no saca los ojos de la carta.
Hamlet: ¿ Son muy grandes?
Camarero: No, así ( Separa las manos, para que visualice el tamaño), pero puede ser la mitad.
Hamlet: Y, la mitad, ¿Es muy grande?.
El camarero, te vuelve a mirar, pero en esta ocasión su cara ya denota irritación. Tu, vocalizando sin voz, le haces ver que es tu jefe y que lo sientes.
Camarero: Si acaso, le dejo un rato mas para decidir.
Hamlet: No, no, si ya lo tengo.
El camarero, hace un gesto de alivio, pensando que la tortura ha llegado a su fin: ¡Ingenuo¡
Camarero: Bien, pues usted me dirá.
Hamlet: ¿Tienen pastas?
Hay que joderse.
Camarero: Sí, las de la carta.
Hamlet: Ah!, gracias,
Y vuelve a releer la carta.
Hamlet: Las ensaimadas............
Camarero: Son de Mallorca, han llegado esta mañana en el vuelo Iberia IB1243.
Hamlet: No, pero gracias, que si llevan mucho azúcar por encima.
Camarero: Bueno, si quiere se lo sacamos ( Y el que sobre, lo esnifo, o ante la duda, se lo meto por el culo, piensa para sus adentros)
Hamlet: ¿Son muy grandes?
Camarero: No, pero si quiere le sirvo la mitad ¿ La de arriba o la de abajo?
El camarero, te vuelve a mirar y vuelve a separar las manos del cuerpo, pero esta vez a la altura de los cojones.
Hamlet: Vale, pues un croissant.
Camarero: Vale, ¿ Y, para beber?
Hamlet: Umm, en el café con leche, la leche ¿Cómo es?
Camarero: ( Mierda, porque he preguntado). Pues entera, o desnatada, caliente o natural.
Hamlet: Vale, pues una Coca-cola natural, sin hielo y sin limón, pero en vaso largo.
Y entonces nuestro amigo asiente con la cabeza, como diciendo cuatro decisiones de golpe, eso es determinación.
Camarero: Pues, vale.
Almorzais, le dejas hablar a el, no sea que una de tus frases le cree un dilema, cuando termináis, le dices a tu jefe, que ya pagas tu, mas que por cortesía, para evitar conflictos existenciales, el te dice que perfecto, porque debe volver al despacho a resolver las decisiones importantes que inundan su mesa, lo dice de una manera condescendiente hacia ti ese ser, incapaz de entenderlo.
Tu, aguantas el chorreo del camarero, prometes no volverlo a traer y dejas una buena propina.
Una vez, sales del bar, te da por pensar si alguna de esas decisiones importantes te afectara a ti, si es tu despido, no hay problema, te jubilaras antes de que decida, pero ¿Y, si es tu aumento?. En fin habrá que joderse.....
No sé si me dejo algo
No se, si la descripción es buena.
Tal vez, no queda claro.
MIERDAAAAAAAAAAAAA¡¡¡¡, YA SE HA PEGAO
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